Realizado en madera de haya recubierta de plata repujada de primera ley (925).
Hecho a mano según las técnicas tradicionales. El artista ha logrado una copia con la mayor fidelidad posible al original respetando los usos tradicionales y realizando la obra en madera añeja empleando yema de huevo, colores minerales y polvo. Todo esto convierte esta pieza en una obra de arte de primer nivel.
El icono viene con certificado de autenticidad en el reverso.
Tamaño de la pieza: 8 cm de alto y 6,5 cm de ancho.
Se envía en un precioso estuche de joyería de terciopelo.
Pablo de Tarso, originalmente Saulo, también llamado San Pablo y San Pablo de Tarso, nacido entre los años 5 y 10 d. C., en Tarso de Cilicia (actual Turquía centro-meridional) y muerto en el año 67 en Roma, es conocido como el Apóstol de los gentiles, o simplemente el Apóstol, y constituye una de las personalidades señeras del cristianismo.
Pablo de Tarso reunió en su personalidad sus raíces judías, la gran influencia que sobre él tuvo la cultura helénica, y su reconocida interacción con el Imperio romano, cuya ciudadanía ejerció. Pablo no cambió su nombre al convertirse al cristianismo ya que, como todo romano de la época, tenía un praenomen relacionado con una característica familiar (Saulo, su nombre judío, que etimológicamente significa «invocado», «llamado»), y un cognomen que se asocia a una característica física (Paulus, su nombre romano, que etimológicamente significa «pequeño», «poco», y que es el único usado en sus epístolas).
Su conocimiento de la cultura helénica — hablaba fluidamente tanto el griego como el arameo — le permitió predicar el Evangelio con ejemplos y comparaciones comunes de esta cultura por lo que su mensaje fue recibido con claridad en territorio griego. Esta característica marcó el éxito postrero de sus viajes fundando comunidades cristianas. Pablo es considerado por muchos cristianos como el discípulo más importante de Jesús, a pesar de no haber pertenecido al círculo inicial de los Doce apóstoles. Fue, sin dudas, el motor de la expansión del cristianismo en el Imperio romano y, después de Jesús, una de las personalidades más influyentes en la Iglesia primitiva, junto con Pedro y Juan.